SATURNINO VALLADARES


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Saturnino Valladares. Legados

LEGADOS Generaciones en tránsito
(estos tres poemas acompañan y dialogan con el libro LEGADOS: Generaciones en tránsito, de la fotógrafa Susana Girón)


I

De tu costado solitario y fértil
ha emergido, sin esfuerzo, la vida,
la frágil transparencia de mi sangre,
mi sombra en tu forma contenida
el día que nací en tu nacimiento.

En el instante azul de mi llegada,
tuve la certeza de que un encuentro
se había producido con mi llanto.
También de mi infancia en las carreras
sobre charcos de lluvia y alegría
o en mi esfuerzo por conocer los brotes
más tiernos e inclinados del manzano.

Pero será mi muerte el decisivo
encuentro con tu vida. Nuestra muerte,
por tanto tiempo en vidas separadas,
compartirá la eternidad del polvo.
Pero aquellas que vendrán después de ti,
de mí, mordiéndome están ya la sangre
como el afluente de un cauce continuo
o el designio inicial del orden cósmico.


II

Como desde un balcón miro tu sangre
por mi sangre. Es como un grito furtivo -
agreste y frío, generoso y puro -
suspendido en el temblor de su altura
por el exceso de luz emocionada.

Fresca, me hiere su perdurar volátil,
trémula y vacilante por mi pulso.
Distante ante el asombro del latido,
fluye una floresta febril y clara,
una enfermedad íntima, un dolor
que palpita ternura hasta los tuétanos,
una herencia y un testamento vivientes.

Acaricio mi sangre restaurando
afectos y raíces andaluzas,
detenidos tránsitos de mujeres
- húmedas y fuertes como la lluvia -
y siento, estremecida y dichosa,
la viva presencia de la Vida.



III
No sé cómo ha quererte he llegado
en las tenues líneas que el jabón
deja en las manos de tu hija y mi madre;
corriendo sin rumor por las callejas
sin nombre - en Huescar - , dentro de la noche,
con un gusto de estrella por la boca
y un amor compartido hasta el grito;
en los retratos del abrazo íntimo
que no nos conocieron y que cuelgan,
similares pero sin mí, en las casas
de aquellos que tanto amaste y te amaron;
en el cansancio de las hembras
que, con la vida asida a la cintura,
marchan vestidas de fiesta andaluza,
mirando de espaldas su juventud.

En distantes presencias de la sangre,
hay tiernas raíces que están creciendo
con aquel sabor de nunca y de siempre,
flexibles, húmedas sobre la tierra.
Vienen desde el principio de los días
y llevarán consigo las mañanas
de diminutas gotas de rocío.
Heridas de nosotras, su belleza.

He llegado a quererte. Eso es todo.



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